Hoy pretendía contarles una historia que va de récords y de superación. De energía y ganas; pero la más inmediata actualidad de mi mala leche me obliga a aporrear mi teclado con otro tema. Pero no se preocupen, más pronto que tarde les contaré esa historia de superación mucho más halagüeña que lo que hoy vengo a gritarles.
Después de leer el blog de RNE que escribe Juan Ramón Lucas, decido leer los comentarios (en qué hora!) y un incipiente dolor de estómago comienza a demostrarme la tremenda mala leche que se me ha puesto de repente y el error cometido al decidir meterme donde no me llaman.
Resulta que entre críticas e insultos al conductor del programa matinal En Días Como Hoy, se le acusa de verter sus opiniones en la radio pública, se le acusa de ser simplemente zapaterista y anti-aznarista, se le acusa de hacer una radio partidista que para nada hace, dicho sea de paso.
Su esfuerzo por hacer de la pública una radio plural y por apostar por la pluralidad y el periodismo clásico de verdad se ve recompensado con una colleja que ciertos -otros muchos muestran su apoyo- reducen a zapaterismo. Señores, aprendamos a distinguir las cosas:
Los periodistas son personas, que no se nos olvide nunca. Ellos gritan, el resto de los mortales, susurramos al oído de quien pueda/quiera oírnos. Por gritar, deben hacerlo con más cuidado, evidentemente, pero no dejan de ser humanos.
¿Por qué siempre se critica el periodismo? Las cosas están muy mal, todos se venden, tienen que elegir una ideología política recién salidos de la carrera…todas estas lindas perlas son las que escuchan sobre la profesión. Si tan mal está, por qué no intentamos dignificarla un poquito entre todos?, por qué no probamos a colaborar y no sólo destruir? Por qué además de críticas no se aporta alguna idea por parte de aquellos que tanto hablan pero nada importante dicen? “Sois todos iguales” -dicen muy a menudo- claro, existen dos clases de seres humanos: los seres humanos puros, los hombres hechos y derechos que pueden criticarlo todo sin ningún tipo de tapujo y, por otro lado y un poco menos humanos, los periodistas, aquellos seres sin escrúpulos que se significan y venden a la primera de cambio y que para nada y nunca, nunca, nunca, son capaces de mantener sus opiniones al margen para dar la visión más objetiva posible de las cosas. Sí, Señor, estoy muy de acuerdo; todos a la hoguera por ser comunes mortales más.
Solo una última pregunta: cuándo ustedes cuentan algo a los demás, ¿son capaces de repetir siempre la misma historia, y, SOBRE TODO, son capaces de dejar al margen lo que piensan y sus opiniones para contar las cosas exactamente como son? Y si ya nos ponemos trascendentales ¿cómo son las cosas realmente, si siempre nos las cuenta alguien que ya las ha procesado para poder transmitírnoslas?Sí, definitivamente, los periodistas son una especie al margen de la humanidad.
*Perdonen la crítica encarnizada contra la antítesis de la inteligencia, todavía soy una de esas ilusas que cree en la profesión y espero hacerlo siempre*