20-N, una fecha histórica

Noche de risas y llantos. De carcajadas y plañideras más bien; pero como decían en mi pueblo, ni tanto ni tan corto señores. Ni para los unos, ni para los otros. Que todo pasa y acaba.

La victoria del PP, aparentemente abrumadora; la caída del PSOE en un principio sin precedentes. Pero, la abstención, todavía no he oído hablar de ella, aunque, en realidad, no sé si lo harán excepto aquellos que deban excusarse.

Las noches de elecciones nunca me han gustado, no les encuentro la emoción; me parecen algo así como un partido de fútbol entre el primero y el último de la tabla. Se intuye claramente el resultado de antemano. Y lo demás no importa, los del centro de la tabla, ahí están, ni destacan por un lado ni por el otro. Siguen ahí, pero nadie les hace caso; como a los segundones de un grupo de amigos y, a veces, tienen cosas importantes que decir. Pero nadie los oye.

Siempre encuentro un motivo para no alegrarme, hoy más que nunca. Me parece una noche tristona, llueve y hace frío, ha entrado el invierno como un ciclón que arrasa con todo lo que encuentra. Y no puedo evitar acordarme de los pobres indigentes que están en la calle, a la intemperie, rezando o soñando con tener un techo algún día. Es muy probable que no llegue y que el frío invierno los congele.

En fin, sólo son las primeras impresiones de una noche sin novedad aparente ni entusiasmo palpitante. Iba a decir que era su noche, pero voy a abstenerme, me parece un tópico demasiado desgastado y no del todo cierto. Aunque sí será la de algunos.

 

EDUCOMUNICACIÓN

¿Saben ustedes qué es la educomunicación? ¿No? Pues yo se le explico en un momentito: Educar en y para los medios. ¿Que se les hace raro? Yo tampoco lo había oído ni leído hasta hace unos días y, fíjense, 4º de periodismo que ya gasto.

Pues eso, que la educomunicación, tan desconocida ella, se me antojó imprescindible desde el primer momento en que la conocí. No tenemos capacidad los ciudadamos de a pie para discernir lo que en la televisión nos proponen o nos imponen, como ustedes quieran que, en esto, opiniones hay para todos los gustos.

Nos ametrallan día tras día las pantallas de nuestra casa, las radios del coche, y los periódicos del kiosko con noticias, informaciones, datos, estudios, encuestas que, en numerosas ocasiones; no entendemos, o entendemos pero no del todo, o no terminamos de entender; aunque nos creamos que sí. Y esto es lo peor. Pero no lo entendemos porque no podemos, porque nadie nos ha enseñado a conocer los medios, a conocer sus tejemanejes internos, las vicisitudes e intencionalidades que puede haber tras cada dato o cada noticia. Sólo lo sabemos cuando leemos las columnas de opinión determinadas, únicamente, para ello.

Pero me parece a mí, al margen de que a los ciudadanos nos debían enseñar, que también muchos de los profesionales que hoy trabajan en los medios -especialmente la televisión, dónde mayor flora y fauna encontramos- deberían recibir un cursillo de educomunicación (ya saben, en y PARA los medios). Para que aprendan a comunicar y así puedan dejar de gritar, para que aprendan a separar entretenimiento de información, y así no confundan ni falten al respeto y para que crezcan un poco como personas y descubran que hay mundo más alla de las audiencias y del dinero y de la pequeña pantalla. Para que descubran que fuera de ella hay respeto, dignidad y orgullo propio, todo aderezado con un poquito de ética y escrúpulos a partes iguales.

Pero que, de momento, no me callo. No hay manera. CReo que algo se podrá hacer; aunque sólo sea darnos cuenta y, como decía el maestro: “En prosa, en verso, en rabia, en tinta fresca, mi canción, buscando gresca, pondrá su grito en el suelo”

 

El mundo, el mayor mercado

Con la llegada tardía de este ficticio otoño, empiezan a proliferar las catástrofes naturales de todos los años.

EE.UU. es arrasado -en algunos de sus Estados- por una tormenta de nieve que deja grandes destrozos, pérdidas y demás desastres. Como todos los años. ¿Dónde están las ayudas a los pobres damnificados que esa sociedad-modelo en la que todos nos fijamos aporta? En ninguna parte. “Los pobres no somos ricos, ni el cobre es más que la greda” que decía el catautor. Y por eso lo ricos salen del trance y los pobres se hunden en su miseria. Una sociedad ejemplar, sin duda.

En nuestro propio charco, conocemos que el PIB no ha crecido en la última medición. Se produce lo mismo que antes y se sigue inyectando dinero a los bancos para que refloten la economía. A mi no me salen las cuentas. Además, crece la brecha entre los ricos -que cada vez son más ricos- y los pobres -que cada vez son más pobres-. Y nosotros sin inmutarnos con la eterna afirmación del capitalismo voraz que nos consume y anega el cerebro: comprar, comprar, comprar para tener, tener, tener. Pero, ¿qué hacer cuando no se puede comprar, porque no se tiene? Sufrir.

Todavía más en nuestro charco, en el que vivo, el Ayuntamiento de Madrid aprueba la semana pasada una ley por la que se impondrá una multa -de la que, me van a perdonar, no recuerdo la cuantía exacta- a todos aquellos que “roben” comida de los cubos de basura de la capital. Seguramente que lo hagan por gusto y puedan pagar esa multa y la comida que están afanando. Muy cabal la medida, sin duda.

Pues sí, así está el mundo. Y muchas otras cosas en esta vorágine de despropósitos, como las elecciones colombianas a un “gobierno” más que disfrazado para parecerlo y apoyado por tantos que callan por pura conveniencia. Cuando el dinero habla, la verdad calla.

Este es nuestro Estado de Bienestar, ese del que se nos llena la boca hablando, pero nada más; pues no llena nada más. Ni los estómagos, ni las estanterías impagadas de muchas farmacias españolas, ni las viviendas vacías que no tienen dueño, ni las neveras de los que no poseen una vivienda, ni las cuentas corrientes de quienes ni siquera las necesitan porque no tienen nada que meter allí, excepto la cartilla ya sin ayudas del paro. Que me recuerda a mi a lo que he oído de la cartilla de racionamiento -que por suerte no sufrí- aunque ésta sin ración alguna.

¿Cuándo vamos a despertar del letargo? ¿También nuestros cerebros están en crisis? Quienes ya lo han hecho son tratados de vándalos y delincuentes por okupar, con k, lugares públicos deshabitados con el único fin de tener un techo donde reunirse, o lo que es peor, malvivir. Los medios fomentan esta concepción, ayudan a que creamos a pies juntillas lo que nos quieren contar mientras nadie -o casi nadie- habla del fenómeno de la desinformación, tan en boga en estos tiempos. Claro, eso no es productivo; aunque sí contraproducente para el gran mercado en que se ha convertido el mundo.

Pero ese es otro tema.

E.L.G

 

Yo también quería ser Peter Pan

Pero a veces te das cuenta de que has cambiado, así, sin más, decides que ya no eres el de antes. Has madurado. Has empezado a darte cuenta de que los golpes que la vida da con barra de acero y espuma a partes iguales te han enseñado, te han hecho más fuerte, han mutado tu espíritu para convertirlo en el de alguien, igual en esencia; pero que no tiene nada que ver en presencia.
Y esto no pasa en un momento concreto. No puedes señalar qué ha sido lo que ha ocurrido, lo que ha cambiado, pero algo lo ha hecho y lo notas.
Lo que antes hacías por obligación, ahora se ha convertido en divertido, te gusta, te gusta saber, hacer cosas, aprender a hacerlas bien, que te enseñen. Lo que antes era una tontería, ahora puede convertirse en un trabajo autoimpuesto que te abra las puertas del edén.
Aprendes en la escuela de la vida que nada cae del cielo -excepto la lluvia- que todo hay que ganárselo y que debes exprimir todo aquello que puede enseñarte, como si vivir fuera un limón a punto de convertirse en zumo, ácido y suculento a la vez.
De repente, estás seguro de quién quieres ser y lo dices, y no tienes miedo de querer ser verde y no azul, de querer lo que aparentemente no quieren los demás, lo que da menos prestigio, o ninguno; pero muchísima más satisfacción personal.
Y empiezas a entender cosas que antes no entendías, comprendes a quien no comprendías, y decides vivir a tu manera. Sí, en ese momento puede decirse que eres mayor; y no tengo claro que me guste; aunque sí puede que me asuste.
Ahora, ya sólo me equivoco yo; porque sólo puedo hacerlo yo.

“DIVIÉRTETE, SOLO ES MODA!”

Se acerca el otoño una vez más, con la rapidez imparable y predecible del tiempo, y nos encontramos que los kioskos de nuestras aceras se llenan, de nuevo, de cientos y cientos de páginas de revistas y de suplementos y de especiales que, imprimidos a todo color sólo nos hablan de moda.
La moda está bien, para entretenerse. “Diviértete, sólo es moda” que decía aquel.
Eso debería ser, únicamente eso. Una forma de pasar las noches cuando el insomnio ataca, una forma de evadirse cuando sólo quieres pensar o ver o leer frivolidades que no cambien tu vida, ni tu pensamiento sobre el calentamiento global del planeta.
Pero reuslta que la moda se ha convertido en una forma de ser, en un cliché que, como todos los demás nos encasilla, nos encajona en una determinada forma de ser. Ya no hay pijos y no pijos, ahora hay street style, cools, chic, urban, casual, desenfadado, casual cool y todo tipo de combinaciones que a ustedes se les ocurran.
Me gusta la moda, sí, lo reconozco. En algunas ocasiones puede crearme algún quebradero de cabeza no saber qué ponerme, querer comprar toda la ropa que me encuentro o llenar mi armario de prendas y prendas, pero, como humana y mortal que soy, la moda no es mi biblia. No me muero si no voy super cool o chic o urban, ni siquiera sé lo que significan y, creo, tampoco lo saben aquellos que las usan.
Pues nada, que de frivlidades anda la cosa. Reflexiono sobre moda y sobre clichés, sobre la homogeneidad de la sociedad que me rodea, sobre la poca capacidad de decisión propia que la sociedad de la imagen ha creado. La televisión, la fotografía, las pasarelas, los telediarios, los videoblog´s de opinión, ellos deciden por todos.
Sí, soy la primera víctima; pero quizá reconocerlo sea el primer paso. Al menos sé que mi capacidad de decisión, es prácticamente nula.
La física cuántica la dejo para otro día, mi insomnio y los tres meses de vacaciones de mi cerebro no dan para más.

PD: Con el otoño, vuelve el trabajo y el fin de la vagancia infinita. Pero por otro lado merecida.

Había decidido tomarme unas vacaciones

Y lo había decidido porque estoy de todo, menos de vacaciones. Pero leyendo  a un gran lector y mejor escritor, me paro  a pensar otra vez y me doy cuenta de que no se detiene la sangre por mucho que  yo quiera.

Y vuelvo a descubrir que contar historias es algo así como un placer necesario. Todos lo hacemos, todos contamos a los amigos o familiares o vecinos incluso qué es lo que nos ha pasado, qué ha sido importante en nuestro día o, simplemente, no contamos nada y ya lo estamos diciendo todo.

Estas historias no las consideramos historias. Pero lo son. Lo son porque no dejan de narrar hechos, de describir acontecimientos. Cuando mentimos, aunque sea por piedad, imaginamos qué podría haber pasado. Nos centramos en una realidad y la transformamos y la adecuamos a aquello que nos gustaría. De nuevo, aquello que quizá no nos atrevamos a vivir o no podemos vivir; pero que en el fondo fondísimo de nosotros mismos, queremos vivir. A pesar de que siempre nos intentemos hacer creer lo contrario.

Los cuentos, sólo son eso, historias irreales parecidas a esa realidad que añoramos aderezadas con un poco de más o menos gracia y mucho o poco corazón. Piénsenlo, ¿quién nunca ha contado una historia? ¿Quién no se la ha contado, aunque sea, a sí mismo?

Desde la tranquilidad que nada en las aguas del  aburrimiento, me atrevo a decirles que sí, que todos hemos imaginado, soñado, inventado e incluso creado historias dignas de los más excelsos reconocimientos. Tanto es así, que lo hacemos incluso durmiendo.

Quería escribir sobre Lorca…

Si, quería escribir sobre Lorca; pero cotilleando en el facebook de mi madre (no tengo propio) he descubierto que las campañas políticas sacan lo peor de cada uno.

Sí, se hace campaña política en las redes sociales. Y eso no es lo peor, lo peor, es que los ciudadanos discuten como si la vida les fuera en ello (que no me parece mal). Aunque bien mirado, me parece una actitud nefasta de todos ellos, tanto de un color como de otro. Parece ser que algunos de ellos incluso cobran a juzgar por el trabajo que realizan.

Me veo en la obligación de decir que los debates que se forman en torno a temas políticos en este tipo de redes sociales rozan los límites del respeto, la racionalidad humana, la hipocresía, la defensa de unos ideales a costa de no sé muy bien qué y rozan y sobrepasan los límites de los argumentos banales, absurdos e incongruentes. Que lo mismo defienden a un partido a muerte que echan por tierra lo que sus “jefes” han declarado tres horas antes para acabar dándose de cabezados con la oposición “facebookriana”.

Sí, me parece indignante la clase política del facebook. Me parece que no se debe descalificar gracias a un ordenador y un teclado, que luego, si lo piensas, tienes que arrepentirte porque no puede ser humano criticar a diestro y siniestro sólo por su ideología. Porque no se deja títere con cabeza, porque o son tus amigos o tus enemigos. Porque sólo importa quedar por encima (al margen de los argumentos) y porque no es la debacle mundial que te parezca bien una iniciativa teóricamente contraria a tus idea; pero sí lo es defenderla sólo porque critica al gobierno y tú quieres, no sé muy bien cómo, que unas elecciones municipales y autonómicas, hagan cambiarlo. No me parece bien hacer campaña en facebook, ni en ninguna red social, y no me parece bien porque, ya lo he dicho, el número de insultos hipócritas y descalificadores hacia el resto de la sociedad que no piensa como tú, aumenta exponencialmente. Y en unos casos más que en otros. Pero esa es sólo la humilde opinión de una servidora que no soporta sonrisas y orgullos asumidos desde baratos insultos de teclado.

Bastaría con pensar, bastaría para curar las excentricidades políticas y los regueros de improperios y ofensas, darnos cuenta de que, si todos fuéramos iguales y sintiéramos lo mismo, nada sería lo que es. Simplemente sería lo que muchos de vosotros habéis vivido y yo, gracias a Dios o al Demonio o a quien quiera que haya que agradecérselo, no. La diversidad, no mata a nadie; su ausencia, llena los valles.

E.L.G.